cristo coro

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domingo, 13 de mayo de 2018

Mucho más de lo que imaginamos…


Desgraciadamente, la Ascensión del Señor es muy poco conocida por la mayoría de los fieles. Una lectura superficial de la parte final de los evangelios Sinópticos y del primer capítulo de los Hechos puede dar la impresión de una partida. Entonces, para el lector no sensible al Espíritu, se ha pasado una página; comenzará a pensar en Jesús en pasado: lo que dijo, lo que hizo… Al continuar "buscando entre los muertos al que vive", se ha cerrado por completo la tumba y cegado la Fuente... Sin embargo, este momento de la Ascensión es un giro decisivo: sí, es el final de una relación del todo externa con Jesús, pero, sobre todo, es la inauguración de una relación de fe totalmente nueva, de un tiempo nuevo.
Por su Ascensión, Cristo, lejos de desaparecer, comienza, por el contrario, a hacerse presente y a venir. Aquel que es el Esplendor del Padre y que había descendido hasta las profundidades de nuestras tinieblas, se eleva ahora hasta llenarlo todo con su luz.
El Señor no se ha ido para descansar de su tarea redentora: su trabajo está, de ahora en adelante, junto al Padre y de este modo él está muy cerca de nosotros, cercanísimo a nosotros. Lleva a los cautivos, que somos nosotros, hacia el mundo nuevo de su Resurrección y derrama sobre los hombres sus dones, su Espíritu.
Ciertamente Jesús está junto al Padre, pero, si reducimos esta subida a un momento de nuestra historia mortal, sencillamente olvidamos que, a partir de la Hora de su Cruz y de su Resurrección, Jesús y los hombres no son más que uno: Él se ha hecho hijo del hombre para que nosotros lleguemos a ser hijos de Dios. El movimiento de la Ascensión solo se habrá cumplido cuando todos los miembros de su Cuerpo sean atraídos hacia el Padre y vivificados por su Espíritu.          (J.Corbon, Liturgia fontal)

miércoles, 25 de abril de 2018

Eres único para Dios


Hay testimonios (de santidad) que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él.
Tú necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy. 
Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor y estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina.
(Papa Francisco, Gaudete et Exultate 11.23.24)

miércoles, 14 de febrero de 2018

Estrenad un corazón nuevo (Ez 18,31)



La angustia invade a los deportados de Judá en Babilonia. El profeta Ezequiel le invita a salir del abismo. Les apremia a seguir creyendo en la vida: es a la vida a lo que están llamados; Yahvé no se complace en la muerte de nadie (Ez 18,32; 33,10-20).
Y Ezequiel les muestra el camino de su resurrección: “Estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ez 18,31). Son unas palabras de una sencillez desconcertante.
A partir de ahora, aquello en lo que debe apoyarse del todo la vida religiosa ya no es el Templo, ni Jerusalén, ni los sacrificios ni los holocaustos; es el corazón, es decir, lo más íntimo, lo más profundo y lo más personal que hay en el ser humano. También lo más duradero. Cuando todo está perdido, aún queda el corazón. Desde él, y sólo desde él, puede recomenzar la vida.
Ahora bien, la vida no recomenzará si no es desde un corazón nuevo. “Estrenad un corazón nuevo”: estas palabras son una llamada a una renovación en profundidad. Remiten al ser humano al misterioso poder de renovación que habita en su propio corazón. En este poder residen una posibilidad de salvación y una gracia de resurrección permanentemente ofrecidas. A cada uno corresponde hacer suyas esta posibilidad y esta gracia; decidirse personalmente por la vida o por la muerte. Cada cual, en cada instante, puede y debe elegir. Y sea cual fuere su pasado, en todo momento puede renacer o morir. Es algo que depende exclusivamente de él. La relación del hombre con Dios reposa únicamente en lo más íntimo de cada uno: en la orientación profunda de su corazón. Cada uno, en cada instante, puede empezar un futuro nuevo.
Pero ¿serán capaces de entender un lenguaje como este? ¡Están tan alejados de su propio corazón…! Decidir por uno mismo y a solas…: ¡difícil tarea. No han aprendido a servirse de su corazón, a apoyarse en él. No saben escuchar, pensar, vivir con su propio corazón. Siguen buscando una seguridad exterior… No conocen a Yahvé con el corazón. No comprenden nada. Se sienten solos. Tienen miedo.
“¿Por qué quieres morir? La noche está llena de secreto. ¡Abre tu corazón a lo desconocido!”.
Lo desconocido es el futuro que está pidiendo nacer. Es el Espíritu que planea sobre las aguas y las bate cons sus alas gigantes. Siempre parece golpear desde fuera, pero llama desde dentro. Tiene el rostro del otro, del extranjero, incluso del enemigo; y, sin embargo, es el íntimo, la profundidad inexplorada. El Espíritu es la llamada creadora en la criatura, el impulso irresistible de nuestro ser hacia un ser mayor.
La hora en la que el ser humano ya no sabe quién es, en la que vaga errante como una sombra entre sus propias ruinas, esa hora de la gran soledad y del vacío es también la hora de los grandes comienzos. Es la hora en que nos visita lo desconocido, la hora en que el futuro nos atrae hacia sí. Es la hora en que el Espíritu nos hace señas porque quiere hacerse en nosotros “corazón nuevo”, “espíritu nuevo”.  
 (Cf E. Leclerc, El pueblo de Dios en la noche)

viernes, 19 de enero de 2018

Evangelio orado. Una aplicación a tu alcance

DESCUBRE TU PRESENCIA.

Una iniciativa de oración, a la luz de los Místicos del Carmelo.
El CIPE: Centro de Iniciativas de Pastoral de Espiritualidad (www.cipecar.org) ofrece unos minutos de oración a quienes buscan un encuentro con el Dios vivo.
Escuchar el evangelio orado, cada día, con la palabra de los Místicos del Carmelo puede ayudarte en el trato de amistad con Jesús, el Amigo verdadero
Leer y meditar el evangelio cada día, puede darle a tu vida un impulso misionero para ser en medio de las gentes un poco de luz, un poco de sal, ¡una esperanza!
Escuchar e interiorizar las canciones orantes puede encender en tu corazón la más viva llama del Espíritu.
Unos minutos de Evangelio cada día, al amanecer, o al caer la tarde, puede ser tu forma agradecida a la bondad y ternura del Padre. Te ayudará a descubrir el sentido de tu vida.

“Yo soy una mi­sión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vi­vificar, levantar, sanar, liberar” (Papa Francisco).
La aplicación “Evangelio orado” es un diario de oración que te brinda varias posibilidades: orar escuchando, leyendo la oración de cada día, volver a escuchar sólo la canción orante o leer sólo el Evangelio.

El momento orante está diseñado en seis tiempos:
· Una motivación a la oración.
· Lectura del texto del Evangelio del día.
· Breve comentario orante.
· Texto de los místicos del Carmelo.
· Canción orante.
· Oración final.

Impulsa y promueve el Proyecto: El grupo editorial FONTE.
Descárgate ya en tu móvil la aplicación: Evangelio Orado. Está disponible en las plataformas: Android: Google Play e IOS: App Store

Documentación: Díptico EVANGELIO ORADO

lunes, 25 de diciembre de 2017

Viene a nuestro portal



Nuestro portal no tiene las mejores condiciones, seguramente no le ha dado tiempo a San José a dejar todo como le hubiera gustado; todo es improvisado, y seguramente habrá telarañas; no se les ocurre que haya que sacar fuera del establo a los animales que ahí moran, el burrito, o la mula, o el buey, o cualquier otro inquilino que se haya refugiado allí a última hora, como ellos. No hay en este lugar un orden perfecto, ni está tan limpio, no es la casa que María habría soñado para recibir al hijo de sus entrañas, no representa lo que José hubiera podido hacer si le hubieran dado tiempo.
En la inquietud e incertidumbre del momento inminente, los corazones sí están totalmente disponibles para acoger con amor indecible y humilde, al Amor más grande y más necesitado de amor.
Nuestra comunidad, nuestro portal no es perfecto, afortunadamente no estamos suficientemente preparados, ni seguros, ni nos ha quedado el Adviento tan a nuestro gusto, pero ahora recibimos, con los pastores, la invitación improvisada, ya no hay tiempo para el yo, que viene llorando y riendo el Tú que trae desnudo, en su debilidad, nuestros mejores sueños y proyectos, el mejor programa de futuro, para este año y para todos los días de nuestra vida, en el corazón de nuestra miseria, nuestras grietas, heridas, pobrezas, malestares, noches, depresiones y sinsabores. Hoy Dios mismo, haciéndose herida, en silencio de amor, se abraza con nosotros en un sí para siempre, y nos pide permiso para amarnos y para dejarnos amar, nos regala sin condiciones la única medicina de todos nuestros males.
P. M. Márquez ocd